Quod scripsi, scripsi Horacio Archundia IN MEMORIAM WENCESLAO CISNEROS.

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(En primera persona) Enmudecí. No quería escribir esto para ti, mi querido e inolvidable amigo. No una necrología. Muchas veces en mis columnas periodísticas presumí tu amistad. Siempre voy a sentirme orgulloso de ella, de las deferencias y el afecto con que a lo largo de muchísimos años me distinguiste. Recuerdo cuando te conocí, en El Colomo, en una convivencia entre amigos, cuando tenía yo apenas quince años. De entonces hasta tus días finales fuiste para mí maestro, consejero y guía; el amigo que sin cortapisas me habló con franqueza, con claridad y con honestidad. El camarada con el que, pese a la diferencia de edades, pude hablar siempre con absoluta confianza de cualquier tema. Me incorporaste un día a la famosa Banca del Jardín, donde departimos con amigos entrañables a los que los golpes del destino y los vaivenes de la política, no nos han separado: Nabor Ochoa, Domingo Ortega, Mario Morán, Armando Rodríguez Orozco, Carlos Ochoa Bonales (+), Germán Chávez, Sigfredo Zamora (+), y muchos otros con los que pasamos largas horas de charla y aprendizaje general. Eras el patriarca de ese grupo; todos te veíamos como el líder de la manada. La vida te dio enormes satisfacciones, y aunque un día te alcanzó la desgracia, fuiste siempre un hombre lleno de entereza y valor. Me sé de memoria tu historia y tu vida. Quería escribir un libro. Porque más allá de los defectos -humano al fin-, que algunos te señalaban, están las decisiones, el arrojo, la firmeza, de tu vida ejemplar. Naciste el 3 de marzo de 1943. Fueron tus padres Don Wenceslao Cisneros Villegas y Doña Clementina Amaya de Cisneros. Te criaste en la pobreza, condición que narrabas con orgullo, porque sabías, como todos lo sabemos , que muchos de los ricos de tu generación, desperdiciaron sus ventajas y se negaron a destacar como tú lo hiciste desde bien joven.
Al morir tu padre, -me contabas con profunda veneración-, tu madre Doña Clementina no se hundió en la desdicha de la viudez ni de la pobreza. Se fue a vender pan en la acera del viejo Mercado Reforma procurándote, con ayuda de tus adoradas hermanas Eva, Celia y Teresa, todo el amor y los recursos necesarios para que fueras a la Universidad de Guadalajara a estudiar leyes, egresando como uno de los mejores abogados de tu generación.
Al volver a Manzanillo con tu título bajo el brazo, decidiste que no sería tu tierra el espacio constreñido de tu actuar como litigante. Así, pronto destacaste en litigios nacionales e internacionales adquiriendo éxito y fortuna. Fuiste por más de cuarenta años el penalista más brillante del Estado; interviniste en casos de nombradía nacional y mundial y diste pie a comentarios elogiosos en medios de comunicación de primer nivel. No resultaste un abogado simplón. Repudiaste la ignorancia y fuiste un lector voraz. Culto por añadidura. Pero no solo eso: fuiste artista y deportista nato: pintabas y lo hacías muy bien; cantabas y lo hacías con mucho talento; eras un buen orador; pero además fuiste luchador profesional que logró sonados triunfos.
Eras polifacético. Eras singular. No dejaste nunca de prepararte. Apenas en diciembre habías terminado el Doctorado en Derecho y te disponías a escribir un tercer libro por encargo de una editora internacional. Antes habías publicado dos que lograron ventas excepcionales: “En las entrañas del monstruo”, en el que denunciaste a un pedófilo ruin que contrató tus servicios creyendo comprar tu honradez profesional, y “El caso Florence Cassez”, en el que anticipaste con muchos meses que a la famosa secuestradora francesa tendría que liberarla el gobierno mexicano por fallas en el debido proceso. Recuerdo con claridad que varios años antes de que se estableciera el famoso sistema de justicia oral escribiste una tesis que publicó una famosa institución de estudios legales porque fuiste pionero en el tema. Eras un manzanillense de primera, Wenceslao. Hace años me concediste el honor de organizarte un homenaje y un alcalde decidió reconocerte declarándote Ciudadano del Año. Esperábamos tus setenta y cinco años para darte la sorpresa de un homenaje mayor, a la altura de tus méritos. ¡Pudiera decir tanto! Recordar aquellos lejanos días en que en tu restaurante pasamos largas horas de charla y fiesta. Los domingos en tu casa hablando de mil y un temas con Héctor Huerta, Chema Valencia, Saúl Sánchez, y muchos otros amigos.
Un día recibí la infausta noticia del crimen de tu hijo Sócrates y como a ti y como a tu familia entera me dolió profundamente esa terrible estocada del destino.
Fui a verte muchas veces. Hablamos. Intentamos varios de tus amigos ayudarte a sobreponer la profunda depresión en que te sumió esa herida lacerante.
Ese fue el principio de tu final. Y a pesar de todo, fuiste el báculo que sostuvo a tu amada esposa hasta el último día de su vida, cuando la entregaste al Dios que la puso en tu camino justo el día en que se cumplían un año y tres meses de la muerte de Sócrates.
Una tarde, tu hija, mi querida amiga Martha, me comunicó que habías sido víctima de un infarto. Nomás pude fui a verte y creí firmemente que dejarías pronto la cama en que yacías desmayado pero de buen aspecto. Nunca creí que sería la última vez que te vería.
Hernán Cisneros, tu hijo menor, junto a mí, sentía igual que yo la buena vibra de tu recuperación. Quiso la suerte que dos días antes de tu partida, caí en cama en una crisis diabética y pensé muchas veces que quien se entregaría a la muerte era yo. Ya perdido en mis dolencias no alcancé a levantarme para acudir a verte cuando una madrugada supe que se había agotado tu vida física, que nunca tu existencia.
No quería enfrentar el dolor de hablarte, de escribirte, de decirte que todos los que disfrutamos de tu amistad y de tu aprecio sentimos un enorme vacío y un irrefrenable deseo de exigir una explicación a la voluntad divina de avasallarte, de golpearte, de abatirte de esa manera tan cruel. Apenas un mes después de la muerte de la compañera de tu vida, decidiste dormir para siempre cansado de luchar.¡Dios te tenga a su lado y en su regazo descanses! ¡Gracias por tu amistad! ¡Gracias por todo lo que aportaste para tu tierra y por el prestigio que le diste en el orden nacional e internacional! ¡Hasta la vista, mi querido amigo!
RUBÉN ÀLAMO, CRECIENDO. No es una casualidad que el joven empresario Rubén Álamo Navarro sea buscado por distintos líderes partidistas. Se le ha visto en reuniones con personajes influyentes de la política estatal – incluso nacional-, recientemente. Se está moviendo Rubén Álamo y está siendo invitado a integrarse a los partidos, nuevamente. Habrá que estar atentos, entonces, a su actividad futura. Porque también hemos observado un notable crecimiento en sus intervenciones públicas. Se advierte el avance en materia de acuerdos y acercamientos, lo que nos hace apreciar a un político más centrado, maduro ya, dispuesto al diálogo y a la concertación política y en permanente disposición también a seguir sirviendo a la gente. Menos choques y más sutileza en la participación política vemos en este muchacho que es considerado un elemento vendible para el electorado. Hasta ahora vemos a un Rubén Alamo que mantiene su postura de intervenir desde la perspectiva de ciudadano involucrado en la política, deseoso de hacer las cosas desde la óptica ciudadana. Así que hay que esperar su respuesta ante las numerosas invitaciones que sabemos le han hecho para afiliarse a partidos de oposición.
UN RIESGO MÁS. Comenzaron en la capital del Estado pero el mal puede crecer a otras regiones: la madrugada de ayer, dos gasolinerías fueron asaltadas a mano armada sin que fueran capturados los culpables. Se convierte así en un peligro más que debe conjurar pronto la Procuraduría General de Justicia del Estado, agotando las investigaciones hasta dar con los responsables. En Manzanillo, se ha incrementado evidentemente el número de robos a casas habitación, a cualquier hora del día, particularmente en la Colonia Marimar, donde los vecinos denuncian que faltan rondines policíacos. Urge que se coordinen las corporaciones armadas oficiales para que recorran constantemente barrios y pueblos enteros a fin de evitar la comisión de estos delitos que exponen seriamente a los afectados. La nula estrategia en materia de seguridad, en el municipio, pone en entredicho al director, que ha resultado incapaz de disminuir el índice delictivo porque no se trabaja con seriedad en la prevención. Antes lo hemos señalado: no es suficiente con impartir cursos en escuelas; la prevención va más allá, significa mucho más, representa otras acciones que simplemente no se están aplicando.
POR HOY, BUEN DÍA.

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