Quod scripsi, scripsi Horacio Archundia EN EL CONGRESO: JUECES INMORALES.

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Han estado compareciendo desde hace dos semanas los funcionarios del gabinete del gobernador Ignacio Peralta ante la Legislatura del Estado. A varios de ellos les han tundido con críticas y señalamientos acres. A dos o tres los han puesto según se dice coloquialmente: “como palo de gallinero” los señores diputados. Y en las entrevistas a las que acuden los secretarios de la administración estatal, es clara la intención de algunos diputados para exhibir a los funcionarios. Los hacen presentarse en una especie de juicio sumario, y maniatados por inexpertos, muchos de ellos se concretan a bajar la cabeza ante los francos ataques verborreicos, porque se circunscriben a acusar, a criticar, a tirar, pero no muestran evidencias reales en algunos casos. No queremos decir con esto que los funcionarios sean perfectos; no. No defendemos a ninguno. No pretendemos decir que son los mejores de la historia. No es la intención convertirnos en paleros de nadie. Pero sí queremos dejar claro que la actitud de los diputados – no de todos, desde luego, pero sí de la mayoría-, es ridícula. Sentados en las curules, o desde el alto de la tribuna máxima del Estado, se sienten jueces, se enseñorean como amos, se solazan amedrentando a quienes, por inexperiencia y poca sagacidad, como ya dijimos, no se atreven a ponerlos en su sitio, aunque no sea ese el protocolo. Valdría la pena que algunos de los diputados respondieran a dos años de distancia de haber asumido el cargo, la pregunta que les hicimos públicamente: ¿Quién les autorizó a subirse al sueldo a doscientos seis mil pesos mensuales? ¿A quién le pidieron permiso como supuestos representantes de los ciudadanos para aprobarse vales de gasolina, pagos de servicio telefónico, choferes, asesores y demás privilegios? ¿Cómo le explican al pueblo de Colima que se dieron a sí mismos una partida “de asistencia social” que al final de cuentas gastaban en sus propios proyectos y en sus más cercanos colaboradores, todo a costillas del pueblo? ¿Con qué cara estos bribones, que no le han aportado nada trascendente a la sociedad, exigen resultados si ellos mismos han quedado ridiculizados con una larguísima lista de leyes en la “congeladora” porque no trabajan? ¿Tendrán los diputados la autoridad moral para cuestionar que los funcionarios no están haciendo bien las cosas cuando ellos mismos han valido para pura guasa? Es cierto: es una facultad que les concede la Constitución Política del Estado. Tienen además la obligación de llamar a los funcionarios y pedirles explicaciones e informes pormenorizados de su desempeño. ¡Qué bueno! Y los funcionarios tienen la obligación también de informar, de contestar a los legisladores, de explicarle a la sociedad que están haciendo y cómo, en qué están gastando o utilizando los recursos que tienen a su cargo, qué beneficios están entregando a la sociedad que les paga. Ambos están en su papel. Lo lamentable en este caso, entre los diputados de Colima, es que ellos mismos perdieron desde el comienzo de su gestión la autoridad moral para exigir que alguien cumpla con la ley y con las obligaciones que ésta le impone. Cumplen su papel, repetimos. Pero desafortunadamente no tienen la rectitud para pedir cuentas que ellos también deben darle a la población que los ve con repudio y con indignación. Son muy bravos para criticar a los funcionarios que deben a fuerza guardarles respeto, pero olvidan que apuntando con un dedo, cuatro les quedan para señalarse a sí mismos. Se aproxima la elección. Varios de los diputados de ahora van a ir a buscar al electorado. Es de desearse que los ciudadanos no hayan olvidado a esos diputados sinvergüenzas que cobraban – porque se bajaron “tantito” el sueldo- más de doscientos mil pesos por mes, cuando cientos de miles de colimenses no los ganan en un año. Recurrir a la memoria en el momento de votar, es ser un ciudadano inteligente y responsable. Hay que castigar a los que han saqueado al pueblo que los mandó a representarlos, no a robarlo. En la campaña nos vemos: ¡cabrones inmorales!
POSTDATA: Varios de los funcionarios estatales que comparecieron, le deben en efecto explicaciones a los colimenses porque simple y sencillamente “no han dado el ancho”, como decimos los porteños. Pero esa, esa es otra historia de la que hablaremos pronto.
SERGIO GUDIÑO PELAYO es un manzanillense prudente, serio, juicioso. Tiene una luenga trayectoria en el servicio público. Su llegada a la delegación de Transporte alienta y estimula a los manzanillenses a confiar de nuevo en esa dependencia donde la titular en la entidad, Gisela Méndez, no ha querido volver los ojos a la enorme inconformidad de los ciudadanos. La pésima estrategia que todo lo aletarga y lo complica, el burocratismo vil y la lentitud exasperante en los trámites, tienen hartos a los manzanillenses. Nunca como ahora se habían escuchado más quejas de una oficina estatal. Esperamos que el nombramiento de Sergio Gudiño, identificado con los manzanillenses, resulte positiva para abatir el rezago impresionante que existe en la gestión de placas, licencias, permisos y otros servicios que están paralizados en esa área.
POR HOY, BUEN DIA.

 

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