Quod scripsi, scripsi Horacio Archundia NABOR OCHOA.

Comparte y dale me gusta

Recientemente, de manera sorpresiva, la Diputada Martha Meza Oregón, única representante del Partido Verde Ecologista, notorio aliado del PRI en el Congreso del Estado, anunció una decisión que cimbró al establishment político local: dio a conocer que se sumaba al Diputado Joel Padilla, también único representante del Partido del Trabajo, para conformar un bloque nuevo entre ambos. El anuncio de la legisladora porteña produjo efectos estruendosos. De golpe y porrazo, la diputada debilitó así el grupo conformado por el PRI, el PT, el Panal, el Partido Verde y el grupo de traidores ex panistas llamado Nuestro Compromiso por Colima, del que forman parte tres vaquetones de la política regional y que sin ninguna dificultad han mayoriteado todas las iniciativas e ideas de la endeble y torpe dupla formada por el PAN y el Movimiento Ciudadano. Naturalmente que el PAN, en manos de un inexperto y neófito diputado como Luis Ladino, no ha tenido la fuerza para, primero, conservar la mayoría que tenían al comienzo de la legislatura, que perdieron por ingenuos y soberbios, y luego, para enfrentar con argumentos y medidas efectivas las decisiones que toma la mayoría reinante. En ese tenor, la salida de Martha Meza sin renunciar al Partido Verde, para robustecer el Partido del Trabajo, ha metido en apuros al grupo en el poder. Y al hacerlo, ha dejado abierta una posibilidad irrefutable: el bloque partidista que controla la política estatal, tras haber fallado en la intentona legal de impedir que se conforme el dúo Padilla-Meza, deberá entonces acudir a la última instancia: solicitarle al diputado con licencia, Nabor Ochoa, que se reintegre a su curul, y maniobre políticamente para recuperar el espacio perdido. El dueto Padilla-Meza puede, si quiere, frenar importantes acuerdos. De allí el miedo que ha infundido entre los coordinadores de las bancadas del PRI, Federico Rangel, y de los partidos aliados, la nueva organización legislativa. Ignoramos si Martha Meza haya propiciado una ruptura con Nabor Ochoa; no sabemos si el actual delegado de la Semarnat esté de acuerdo en la franca disidencia de su más leal seguidora, pero es evidente que la situación abre la probabilidad de que Ochoa López retorne a la vida política reintegrándose a su curul, con lo que tendría que renunciar a la delegación que ocupa. Tampoco sabemos si tengan en el PRI pensada es opción. Pero en el tema político, la estricta lógica indica que cuando las cosas se complican se debe tocar la puerta de los jefes políticos. En ese tenor, el líder de Martha Meza es Nabor Ochoa y si esa misma lógica se impone, no tardan el PRI y sus aliados en procurar el retorno del líder moral del Grupo Manzanillo 2000 para que restituya la fracción verde. Hacerlo es, sin duda, el resurgimiento político de un hombre al que, por más que lo cuestionen, nadie podrá acusarlo de incapaz ni de tonto. Nabor Ochoa es un hombre con una incuestionable preparación profesional; con miles de seguidores y con muchos detractores que no han conseguido vencerlo. Nunca ha perdido una elección: ganó la diputación local en el 2000, la alcadía en el 2003, la diputación federal en el 2006, la presidencia municipal en el 2009, y ha sido llamado a dos curules plurinominales: una federal en el año 2012 y una local en el 2015, que es la que, al pedir licencia para ser delegado de Semarnat, alcanzó su colaboradora más cercana: Martha Meza. Pero la ley establece que en el momento en que el diputado con licencia solicite su reincorporación a la legislatura, puede hacerlo. En eso, -sospechamos-, trabajan los del PRI y sus aliados. Y de ser así, la participación política de Nabor Ochoa, de cara al proceso electoral del 2018, será trascendental y decisiva para el bando con el que coopere. Así que, como se dice comúnmente: la moneda está en el aire. Una vez más Nabor Ochoa se convierte en el fiel de la balanza política en el Estado.
LA SOTANA VOLADORA. Con ese mote se conoció en nuestro Estado, principalmente en la ciudad de Colima, al presbítero Elías de la Mora y de la Mora, hijo de Don Luis de la Mora Contreras y de Doña Felícitas de la Mora Ochoa. Nacido en 1913, a Elías lo envió su madre, profundamente católica, – hermana del padre cristero Miguel del Mora-, al Seminario Conciliar, para que se formara sacerdote al parecer sin tener vocación. Esa penosa circunstancia produjo en Elías de la Mora un desequilibrio emocional que derivó de hecho en delicados conflictos psicológicos. Se le catalogó demente y estuvo de hecho en tratamiento en el centro psiquiátrico de Zapotlán, siendo ya sacerdote. Con brillantez inusitada terminó sus estudios, que perfeccionó en el extranjero. Pero su desempeño alocado, atrevido, sui generis, dio pie a numerosas anécdotas que lo pintan como un padrecito loco, descocado, pero adorable. Cientos de anécdotas dan idea de su personalidad. Pero también de su incomparable nobleza y generosidad. Caritativo, humano, virtuoso, dedicó su vida a la niñez, protegiendo huérfanos y desamparados. Por su afición a correr vehículos a grandes velocidades – carros, motos y bicicletas- se le impuso el apodo de “La Sotana Voladora”. Falleció en 198o en un lamentable accidente carretero cuando iba a Zamora, Michoacán a un concurso de coros infantiles. Una muerte extraña, dolorosa: aparentemente atropellado. Para relatar su vida, el escritor Francisco Vázquez Figueroa presentará este miércoles el libro “La Sotana Voladora”, en el desayuno hebdomadario de la Agrupación Ciudadana Manzanillense, en el Restaurante Los Candiles del Hotel Colonial.
POR HOY, BUEN DÍA.

 

Comparte y dale me gusta