Afecta salario y desarrollo profesional de las mujeres el que sean ellas las cuidadoras preferentes en el hogar

*Jorge Cuapantécatl, de la maestría en Economía Aplicada del Colegio de la Frontera de
México, desarrolla en la UdeC su proyecto “El impacto del cuidado no remunerado de los

adultos mayores en la oferta laboral para México 2019-2023”.
En México, millones de mujeres sostienen silenciosamente el bienestar de sus
familias a través de las labores de cuidado, una responsabilidad que, aunque noble, se
traduce en menos oportunidades laborales, menores ingresos y mayores desigualdades
económicas para ellas. Sobre este tema realiza su investigación Jorge Cuapantécatl Mota,
estudiante de la maestría en Economía Aplicada del Colegio de la Frontera de México, que
realiza una estancia de investigación en Colima asesorado por César González, profesor
investigador de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Colima.
Con su proyecto de investigación “El impacto del cuidado no remunerado de los
adultos mayores en la oferta laboral para México 2019-2023”, el estudiante, apoyado por
César González, buscan medir la llamada “penalización salarial” asociada al trabajo de
cuidados y la disparidad económica mensual entre hombres y mujeres derivada de esta
“carga desigual”.
Esta investigación, dijo Cuapantécatl en entrevista, parte no sólo desde la
perspectiva económica, sino también desde perspectivas sociológicas, políticas y
demográficas “que nos permiten tener un enfoque más real de lo que pasa; partimos de

antes y después de la pandemia por COVID, pues ésta evidenció y agravó dichos problemas,
incrementando la carga de cuidados dentro de los hogares”.
¿Qué debemos entender por cuidados?
De acuerdo con el investigador César González, todos en algún momento de la vida
necesitamos de cuidados, ya sea en la infancia, en la juventud (con menos frecuencia) y
como adultos mayores. En la primera infancia “podemos llevar a los menores a una
guardería; en el caso de los adultos mayores es más complicado, porque requieren de
ciertos cuidados que quizás no encontremos en las casas de día, que son una buena opción
para que los cuiden mientras nosotros trabajamos”.
Sin embargo, agregó, no todos tienen forma de elegir estas opciones: “Hay quienes
tendrán de manera gratuita las guarderías, pero quienes no, dejan a sus hijos a cargo de
alguien más o pagan un servicio de guardería; pero no pasa lo mismo con los adultos
mayores, aquí sí tienes que pagar una casa de día o que alguien se quede en casa al cuidado,
y en la mayoría de los casos son las mujeres.”.
Esto, dijo César González, hace que el tiempo destinado a la participación
económica de las mujeres se reduzca o finalice. “Si deciden seguir trabajando hay una
penalización en sus ingresos. Es decir, si estoy cuidando a una persona mayor durante 20
horas a la semana, quizás me quedan 40 o 20 horas para poder trabajar, por lo que busco no
un empleo formal bien remunerado, sino uno que me permita la flexibilidad de cuidar”.
Aunque esta pareciera, dijo el investigador, una situación óptima, a largo plazo
genera desventajas para las mujeres, “porque la seguridad social, las pensiones, los
ingresos, los años de experiencia que pudieran tener repercuten en su calidad de vida.
Entonces no hay mecanismos institucionales, incluso de mercado, que las ayuden, y si los
hay son muy caros”.
Otro punto a considerar, comentó César González, es que a veces cuesta más de lo
que se está ganando llevar a los adultos mayores o los pequeños a una casa de día o
guardería.
En este sentido, dijo Jorge Cuapantécatl, en el análisis inicial de su investigación se
puede observar que, si bien el salario es similar entre hombres y mujeres, incluso entre
diferentes niveles educativos, salvo licenciatura y posgrado (que se alejan), “cuando uno
revisa el ingreso mensual hay una diferencia tremenda entre hombres y mujeres, y tiene que
ver con la cantidad de horas que trabajan unos y otros”.
Entonces, añadió, valdría la pena responder la pregunta de ¿cuánto es lo que
representa en lo económico esta disparidad entre hombres y mujeres, mensualmente? “Y
bueno, en eso estamos trabajando. Usamos herramientas como la Encuesta Nacional de
Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, que permite conocer salarios, horas trabajadas y
participación laboral, aunque existen limitaciones para visibilizar el impacto económico de
las labores de cuidado dentro de los hogares”.

Para lograr una mejor visibilización, agregó, “se necesitan análisis más detallados y
metodologías específicas que nos permitan comprender de manera más precisa cómo el
trabajo de cuidados profundiza las desigualdades de género en el ámbito económico y
laboral”. Esto ayudaría también, dijo, a diseñar políticas públicas que ayuden a las mujeres
a desarrollarse profesionalmente.
Finalmente, Jorge Cuapantécatl, dijo sentirse respaldado por la UdeC y su profesor
para desarrollar su investigación de maestría. “No sólo te permite venir a hacer una estancia
de investigación, sino que te dan identidad de estudiante universitario, te dan una credencial
que te permite tener accesos a bibliotecas y otras actividades como un estudiante inscrito a
la Universidad de Colima”.
Por su parte, César González invitó a más estudiantes a realizar estas estancias
dentro o fuera del estado, pues “son un gran aprendizaje, no sólo académico, sino
personal”.

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