Sólo que me lleven “a huevo”, de ese modo si me voy: José Orozco

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Colima. Diariamente Don José se sienta sobre el camellón de la avenida Almodonia en el cruce con el Paseo Miguel de la Madrid Hurtado para ofrecer golosinas a cambio de unas monedas.

Desde las 9 de la mañana y hasta la 2 de la tarde, espera bajo la sombra de uno de los árboles, que alguno de los cientos de automovilistas que transitan por el lugar le apoyen a cambio de un mazapán, chicle y chocolate que acomodó en una cajita.

“Muchas personas agarran y muchas no, pero me dejan la monedita de todos modos, yo les digo, tomen algo por favor, y me dicen no, ahí déjalos para que los vendas. No los estoy vendiendo, los estoy regalando a las personas que me dan centavitos” afirma Don José.

Con la llegada de la pandemia, Don José se vio afectado porque la gente se quedaba en sus casas y no alcanzaba a juntar lo suficiente para comer, afortunadamente, recibió la pensión de gobierno federal y con eso se ayuda a pagar la luz, el agua y la renta.

Mientras platica, una mujer desde su automóvil reduce la velocidad y le lanza una moneda, que Don José agradece rápidamente; me cuenta que un par de semanas atrás, unos policías llegaron y le dijeron que se retirará del lugar porque estaba en peligro por la pandemia, su respuesta fue: “no, sólo que me lleven ‘a huevo’, de ese modo si me voy”.

Y es que con 87 años a cuestas, Don José quiere conservar su única fuente de ingresos, con suerte logrará sacar 100 pesos para él y su esposa, quien por cierto, convalece de una fractura en su pierna derecha que sufrió el año pasado.

Le pregunto si además de los oficiales, alguna autoridad se les ha acercado para ofrecer algún tipo de apoyo, durante la pandemia; con franqueza me responde que hace como dos meses -que es cuando se declaró emergencia sanitaria-, llegaron al lugar una muchacha y un muchacho, lo entrevistaron y le dijeron que le iban a dar apoyo, pero hasta el momento no lo han hecho.

“Le vamos a traer despensa para que se ayude, dos meses y nada; yo creo que han de venir a gatas como los tejones”, me dice Don José acompañado de una carcajada.

Don José Ochoa tiene la esperanza que esto termine para que la gente regrese a sus trabajos, haya más gente en las calles y pueda ganarse sus ‘centavitos’, como le llama a las monedas que recibe en un bote amarrado a un palo a modo de extensión del brazo para guardar su sana distancia con los automovilistas.

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