Don Héctor; la historia en navidad de un vendedor ambulante de Colima

Don Héctor Joel tiene 64 años, vende ropa de segunda mano que le regalan vecinos y otras personas que lo aprecian, a las afueras de la tienda comercial Bodega Aurrera, ubicada en la Av Benito Juárez; es alegre escandaloso. Sentado en uno de los comedores afuera del Benedettis pizza, grita “Pásele, pura Lui Vuitón’s en 50 pesos”, y aunque pareciera que le urge venderlo todo, la verdad es que la venta de hoy no le interesa mucho, ya solo vienen para no perder la costumbre. También suele tener una que otra fruta o verdura de la cosecha, es poco, pero le gusta obtener algo a cambio de trabajar la tierra, como lo hizo toda su vida, como anhela volverlo a hacer.

Usualmente se va hasta tarde, cuando ya comienza a oscurecer y la gente trae tanta urgencia por encontrar el carro o el taxi que ya ni siquiera se da el tiempo para ver a los vendedores que exhiben sus artículos afuera del Aurrera; desde que sale el sol hasta que se mete vende don Héctor. Desde las 8 de la mañana a las 7 u 8 de la tarde, pero hoy no, hoy recogerá todo a las 4 porque dice quiere ir a bañarse, ponerse guapo e ir al terreno de la familia donde junto con sus 12 hermanos, festejarán a su padre que está por cumplir los 100 años: muestra de la longevidad tan común en otros tiempos.

“Pero antes voy a pasar con una amiga amiguita”, dice en tono juguetón, “Está chiquilla”, me dice, “tiene 10 años menos que yo y la quiero convencer de que me acompañe al rato allá. Será la tercera que llevo. La tercera es la vencida”.

Además de sus hermanos y su padre, don Héctor tiene 3 hijos que actualmente están en California, “Nada más uno de ellos va a venir, yo creo que ya ha de estar por llegar. Los tres se fueron a Berberly Hills, nada más. Salma Hayek, Eugenio Derbez, ahí le arreglan la casa a ellos, casononas que tienen. Eugenio Derbez, Damian Bichir, ¡Diego Luna hombre!”

A pesar de que no habla con ellos de manera constante, la felicidad suele asomarse cuando el hombre da rienda suelta a sus historias. Habla de lo hermosa de Hayek haciéndola de Kahlo, del viejo que se agarró como esposo un rato.
Es de Pihuamo, no tiene esposa o alguien que dependa de él, por eso no le apura tanto el sustento, con poquito logra mantenerse. “Ahorita recojo, voy con mi amiga, le llevo una pizza y de ahí a ver si la convenzo y me la traigo para acá; a las 9 o 10 voy con mi familia”

Según la última estadística realizada por el INEGI, Colima ocupa uno de los primeros lugares en cuanto al empleo informal. La mala economía es el motor que impulsa a muchos a abandonar su tierra, él me cuenta que pasó 12 años viviendo en Estados Unidos, por lo que pretende volverse ir.
“Me faltaron 3 años para ingeniero agrónomo pero a pura experiencia, ahorita estamos haciendo una granja de puercos en el rancho el Diecisiete, de Astillero aquí abajo, y con el programa Sembrando Vida, quiero llegar el lunes para que me autoricen el crédito, para sembrar, frijoles, maíz, sorgo y obvio la papaya”, dice, su esperanza es sólo producir la tierra, y festejar con los suyos esta navidad.

“Hay que empezar a producir la tierra y sabe porque estoy triste, porque hay hectáreas de tierra sin producir nada”, comenta para volver a gritar cuando una señora pasa al frente suyo con su hija: “Pásele, pura Lui Vuitón’s en 50 pesos”

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