Quod scripsi, scripsi Horacio Archundia LAS PENSIONES NO SON RECIENTES.

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El líder del sindicato de trabajadores al servicio del gobierno del Estado, Martín Flores Castañeda, confirmó que se deben ochocientos millones de pesos a la Dirección de Pensiones más doscientos millones por concepto de jubilaciones. Mil millones de pesos en total, pues. Al participar en el Foro de Análisis para la reforma del Sistema de Pensiones, el dirigente sindical se dijo conforme en la reforma y en la creación del Instituto de Pensiones que ha propuesto el gobernador Ignacio Peralta, pero luego se echó encima del mandatario instándolo a gestionar recursos para pagarles. Flores Castañeda explicó que “sin que se haya realizado la auditoría a la dirección de Pensiones, en reunión privada, el secretario de Finanzas, Carlos Noriega García y el secretario de Administración, Christian Meiners, aceptó ese adeudo “y yo aquí lo hago público, ese es el tamaño del problema: 800 millones de pesos que los trabajadores ya pagamos. Lo que no reconocen, manifestó, son otro concepto de jubilaciones por 200 millones de pesos “dicen que se paga un 1% (de deducciones a trabajadores), en el 5% de retenciones a pensiones se les debe esos 800 (millones de pesos) pero le debes de falta de amortización de los préstamos y nuestro dinero no se ha capitalizado lo suficientemente. Hoy hay que purgar esos vicios”. Es decir: el líder de los burócratas estatales exige el pago y una revisión cuidadosa del manejo del fondo de pensiones, quiere que la reestructuración de ese fondo sea vigilada, inspeccionada, y que el dinero se respete y se fiscalice escrupulosamente. Por eso dice que acepta lo de la reformar “sin embargo eso sólo se podrá realizar si se respetan los principios de certeza, seguridad jurídica, proporcionalidad y derechos humanos de la clase trabajadora”. Y estamos de acuerdo con él. Tiene razón: debe haber un manejo cuidadoso del dinero que se descuenta a los trabajadores. Sin embargo, lo que hay que recordarle al líder de la burocracia de la entidad es que esos ochocientos millones – mil, en realidad- que el gobierno estatal le debe a Pensiones no es una deuda contraída durante el gobierno de Ignacio Peralta. No. Ese rezago viene de muy lejos. De hace ocho, diez y doce años. Es una deuda acumulada que se generó durante los dos sexenios de Gustavo Vázquez (2003-2005) y Silverio Cavazos (2005-2009) y Mario Anguiano (2009-2015). Y da la casualidad que en ese largo período, Martín Flores fue dirigente de la Unión de Sindicatos y del propio gremio, y luego presidente del PRI y dos veces diputado local. Esto es: estuvo estrechamente relacionado con quienes propiciaron esa deuda. Supo de ella, porque no es un ignorante. Conoció el caso, porque es muy hábil – tanto que volvió a ser líder a pesar de estar jubilado ya-, está empapado de la situación y sabe cómo se manejó. Por ende es raro que hasta ahora, cuando el gobernador está enfrentando la crisis en que halló la administración estatal, cuando busca resolver los profundos baches financieros que abrieron y dejaron sin cubrir, que salga a exigir, a presionar, a cuestionar, a pedir que se gestionen recursos federales para el rescate de las pensiones de los trabajadores que representa. Y esto no es defensa a ultranza ni queja amarga. Nadie nos pidió escribir esto. Estamos conscientes de que la deuda es institucional. No se trata de las personas sino de los gobiernos. Y en ese sentido el gobernador está obligado a cumplir esos compromisos. Pero sería sano que los requerimientos de cobro se hicieran con mayor prudencia, y sobre todo, de forma congruente. Es lamentable que ahora le pida a Nacho Peralta tapar el pozo que abrieron los dos gobernadores con que colaboró tan cercanamente. Al pedir que “el titular del ejecutivo, el gobernador Ignacio Peralta Sánchez, con su excelente vinculación con el gobierno federal logre un rescate financiero del adeudo que tiene con los trabajadores (…) es el momento oportuno porque sabemos quién era el secretario de Hacienda, que es amigo del gobernador”. Suena a algo así como: “señor gobernador, consiga el dinero que le dejaron de deuda mis amigos y páguenos”. Como dijera nuestra amiga Imelda Castro, (a) la AFI PRI: “ya ni la chinga”.
VENUSTIANO CARRANZA. Era Don Venustiano Carranza un traidor, un malagradecido. Fue de los porfiristas más dóciles y se volteó contra el dictador Porfirio Díaz cuando no le permitieron continuar como gobernador de Coahuila. Se integró a la Revolución embozado en el resentimiento que lo movía y la hizo de héroe cuando mataron a Madero, fingiendo indignación y embaucando a varios valientes como Obregón. Durante la guerra, fue culpable de la muerte del prócer Emiliano Zapata – a quien mandó ejecutar- y en su informe de gobierno de 1919 se refiere al líder agrarista como un “facineroso” al que “por fin” le dieron muerte las tropas del gobierno, luego de la terrible traición y de la cobarde emboscada. Pagó Carranza con creces su insania y su deslealtad: fue muerto a traición por los cardenistas en Tlaxcalantongo, Puebla, y su muerte, parecida a la de Zapata, aunque en escenarios y situaciones distintas, lo elevó a los altares de la Patria. Sin embargo, el Cronista Municipal prepara la documentación correspondiente para que su nombre sea retirado del pueblo de Cualata y se le restituya el indígena que tenía. Y no solo por la ficha histórica deprimente y acusatoria de que hicimos mérito líneas arriba, sino porque hace sesenta años le quitaron arbitrariamente el nombre a un pueblo sin consultarlo a sus habitantes. Con el respaldo de las firmas de muchos vecinos, emprendemos ya la acción legal correspondiente.
POR HOY, BUEN DÍA.

 

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